Por: José Alejandro Ramírez L.
Colombia es otro país. El presidente Uribe y su equipo de gobierno nos ha cambiado el rumbo y nos ha puesto a los colombianos a pensar en un país atractivo para la inversión, como dijera el presidente de HOLCIM, “…Junto a Brasil, Colombia es uno de los países de moda para los inversionistas”. A propósito, felíz cumpleaños al presidente!
Colombia es otro país. El presidente Uribe y su equipo de gobierno nos ha cambiado el rumbo y nos ha puesto a los colombianos a pensar en un país atractivo para la inversión, como dijera el presidente de HOLCIM, “…Junto a Brasil, Colombia es uno de los países de moda para los inversionistas”. A propósito, felíz cumpleaños al presidente!
La elección de Juan Manuel Santos nos ha mostrado que la gran mayoría de los colombianos, según los resultados electorales, coincidimos en la importancia que tiene mantener los logros alcanzados en el gobierno del presidente Uribe. Pero existen temas en que éste, como otros gobiernos, su gestión puede calificarse de “rajada”.
En este artículo hago referencia a un desorden incuestionable en materia de Contratación Pública. No se trata de una crítica obstructiva, sino de una constructiva. La Ley 80 de 1993 resultó ineficiente para regular los mecanismos para la necesaria inversión Público - Privada (“3P” o “Public Private Partnership”), fue necesaria la creación de la Ley 1150 de 2007 y sus decretos reglamentarios para corregir y regular algunos puntos que quedaban abiertos a la discrecionalidad del gobierno. Paralelamente a estos procesos, de la mano de la seguridad y el crecimiento económico, hemos acudido los colombianos al interés que han mostrado los inversionistas internacionales en la infraestructura colombiana (represas, carreteras, electricidad, servicios públicos, etc.) Los escándalos sobre carruseles de la corrupción empañan estos logros. Cuánto daño nos ha causado el “lobbysmo” en la contratación pública, ¿Cuán costos serán sus efectos?. Reflexionemos.
Hasta ahora hemos visto el cuestionamiento de varias concesiones, entre otras, la troncal Transmilenio de la calle 26, o la carretera a Buenaventura; se ha estigmatizado a un grupo de contratistas, pero aquellos elementos del gobierno que se han visto remunerados por los extraños procedimientos apenas son ligeramente mencionados o tímidamente develados por los medios de opinión.
Sin embargo y con la corrupción existente, el hermano de uno de los más visibles políticos involucrados en los escándalos de corrupción, quien hubiera sido determinante en la desarticulación de primera fuerza opositora, se empeña en sacar adelante un proyecto de metro para Bogotá, el cual si bien es de gran importancia en el desarrollo del transporte para esta gran urbe, no deja de ser cuestionable que en su empeño haya arremetido con “bravuconadas de adolescente efervescencia” en contra de la academia, que bien sea mencionado de paso, es nada menos que la productora del talento humano encargado de hacer los estudios técnicos de los proyectos de infraestructura más importantes del país.
¿Será que es más importante hacer las obras por inmortalizar o aumentar la popularidad de un mandatario de turno? O será que es más importante gastarnos unos dineros en los estudios de los proyectos?, Lo segundo toma más tiempo y requiere de menos política, pero es consecuente con el desarrollo de infraestructura y su estabilidad en el largo plazo.
Con frecuencia se nos olvida a los colombianos, y a nuestra clase política, que el desarrollo de infraestructura es un tema de largo plazo, ¿o no nos hubiéramos ahorrado recursos públicos si se hubiera dimensionado adecuadamente el desarrollo del aeropuerto El Dorado?, Colombia no puede tener la mala costumbre de adjudicar obras importantes “de afán”, como se ha vuelto costumbre en un ministerio marinillo. Invito por este medio a que reflexionemos en la importancia de generar unos valorables estudios, la participación de la academia es determinante, la creciente inversión en diseños como mecanismo previo a la contratación permitirán engrandecer el nombre de Colombia ante los inversionistas internacionales, resaltando el valor de la transparencia, para erradicar las “marrullas” lobbystas que empañan los esfuerzos de un gremio de trascendental importancia en la economía colombiana.
Causa alivio, que nuestro electo presidente haya designado para la cartera del Ministerio de Transporte a persona de grandes cualidades y quien lo acompañara en su fundación de buen gobierno. Esperemos que se cumplan las promesas de mejorar la institución encargada de las concesiones, la cual no ha logrado un liderazgo firme en esta materia. Pero la presión ciudadana no puede ausentarse, ya hemos visto como los mecanismos de interventoría suelen ser irrisorios en los procesos de contratación (es “inaudito, insólito” parodiando a un humorista colombiano, que en el tema de la troncal de Transmilenio, se haya repetido en más de 15 ocasiones, las observaciones de la falta de inicio de las obras por parte del interventor de la obra!!!).
La construcción de vivienda no deja de ser otro lunar, como fue reconocido públicamente por el presidente Uribe en la rendición de cuentas del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial en la Universidad EAFIT este fin de semana. Esperemos que, sin dejar los logros conseguidos por el gobierno que cambió el rumbo de los colombianos, pueda verse la gestión pública honrada en esfuerzos para pasar la página de los turbios procesos de contratación pública.
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